30 mayo 2011 0 Comentarios

LIBERTAD DE CONCIENCIA

Por Ricardo Vásquez Kunze

Soy un hombre de derecha. Creo en la libertad individual y la dignidad humanas como los valores fundamentales de una sociedad civilizada, sin tanta cháchara de “derechos” secuestrada hoy por la izquierda. Esos son mis principios. En lo que no creo es en la libertad para robar, explotar, torturar, asesinar y corromper no solo a individuos sino a países enteros a través de sus instituciones más preciadas y que son, precisamente, la garantía de esa dignidad humana que el Estado tiene la obligación moral de hacer prevalecer siempre.

Por eso es que no puedo votar en nombre de esa libertad y dignidad humanas por lo que la señora Fujimori representa políticamente. Quiero ser claro en esto. No tengo nada personal contra la señora Fujimori. A diferencia de muchos de sus detractores, no creo que sea ningún monstruo y confío en su buena fe. Sin embargo la señora Fujimori no es Mariano Rajoy, el líder del Partido Popular de España, ni tampoco Sebastián Piñera, de Renovación Nacional en Chile. Si Rajoy y Piñera fueran líderes del franquismo y del pinochetismo ni los apoyaría ni podría votar por ellos. Ese es el caso de la señora Fujimori. Ella es la líder del fujimorismo y esa es su tragedia. Tragedia con la que no ha podido romper.

Para los jóvenes que no lo vivieron, el fujimorismo representó en el Perú de la última década del siglo XX el envilecimiento absoluto de todas, sí, digo todas las instituciones republicanas. Corrompidos por el fujimorismo resultaron siendo el Presidente y los vocales de la Corte Suprema, la Fiscal de la Nación, el Presidente del Jurado Nacional de Elecciones, comprado por “una operación a los ojos en Colombia y viáticos para su familia”. Corrompidos por el fujimorismo fueron la televisión, la radio, los diarios con grotescos millones sobre la mesa para callarse la boca sobre las tropelías del régimen o destruir a los que osaban levantar una solitaria voz. Corrompidos terminaron el Tribunal Constitucional con García Marcelo y, ni se diga ya, el Congreso de la República. Es decir, todos los que en una república de hombres libres tenían el deber de defendernos del abuso de los poderosos y los criminales terminaron siendo ellos criminales poderosos y abusivos. Eso es el sistema fujimorista. Un “sentimiento” mafioso de hacer política a cambio de “paz” y “seguridad”. ¿Cómo podría votar por eso, independientemente de quién lo encabece?

Y en cuanto al liberalismo, no hubo una política más antiliberal que la del fujimorismo, con un gobierno interventor en todos los ámbitos del quehacer público para pervertir las instituciones, dejando que los amigotes hicieran, eso sí, buenos negocios mientras dijeran “amén”. A eso llamaban ellos “liberalismo”.

Ciertamente Ollanta no es liberal. Pero tampoco es la caricatura fascista que nos pintan algunos interesados. Hace tiempo que ha dado muestras de ello. Eso para mí es lo decisivo. Los que no quieran verlo están en su derecho. El mío está en seguir a mi conciencia. Ni es un asunto de “cojudos” ni está mal tener conciencia. De eso se trata la libertad individual. Por eso no exhorto a nadie. Pero mi voto será por Ollanta Humala. Durmiendo siempre con el ojo derecho bien abierto.

Publicado el 30/5/2011 en Perú 21

24 mayo 2011 0 Comentarios

NO AL CAMBIO

Richard Gamarra

Keiko Fujimori, procesada por el poder judicial, nunca debió ser autorizada para ser candidata. NO AL CAMBIO, mensaje subliminal, que significa continuar con el status quo de un sector que se alimenta del gobierno y el resto de la ciudadanía de forma ilegal y corrupta.

Funcionarios y empleados que cobran y roban al estado en cada una de las instituciones publicas, funcionarios del magisterio que cobran por cambios de profesores, policías que con sus famosas batidas y operativos asaltan al ciudadano común, personal de la administración publica que cobra por agilizar resoluciones, congresistas que ayudan a vender el pais en trozos sin beneficio para el estado y la mayoria, alcaldes y funcionarios que roban sistematicamente sus municipios, periodismo que vende sus titulares y columnas, autoridades que no ven la corrupción en los penales y centros de rehabilitación, empresarios que no pagan impuestos al estado pero si un porcentaje de sus ganancias a cuentas en el exterior de importantes miembros del partido de gobierno; a esto sumarle la mafia de narcotraficantes que se mueve en el Perú sin ningun problema y ademas todos aquellos que son parte de una sociedad delincuencial en la que este gobierno de turno se hace el ciego para enfrentarlos y sembrar terror en el país.

Todos ellos están esperando que el Perú no cambie. NO AL CAMBIO significa continuar apoyando a delincuentes que han secuestrado algunos partidos políticos a que sigan aprovechándose del sistema, aun sabiendo que su lider y dirigentes fueron sentenciados y siguen teniendo problemas con la justicia. NO AL CAMBIO significa que,  si votan por la alternativa democrática, todos los que pertenecen a ese grupo corrupto liderado por Fujimori perderán sus “privilegios”, por eso ellos y sus familias buscan por todos los medios que los represente una persona afín, que les siga permitiendo que crimen, robos, asaltos, coimas, secuestros, etc. sigan atentando contra el resto de la ciudadania que reclama sus derechos.

Quienes han permitido que este grupo llegue a la posición que esta ahora? Pues no cabe duda que es el mismo grupo que todas las semanas ha ordenado cambiar las encuestas para encumbrar un liderazgo que nunca existió y será el mismo grupo que hará todo lo posible para que el resultado les sea favorable utilizando todos los medios oscuros a los que están acostumbrados a manipular.

Si quieres que esto no suceda, es necesario la unidad de los que no pertenecen a ese grupo y que si queremos un cambio, ese cambio es el que va primero ligado a los valores de la persona, que se respete al ser humano, que haya moral y ética en todas las instituciones, organismos y familias. Es necesario ver a otros lideres democráticos que salgan a las calles y defiendan la integridad moral y ética del país. Se defienda cada mesa de sufragio el dia de las elecciones y no permitir que la delincuencia tóme el poder. Ya después se averiguará quien permitió que este grupo, que desfalcó al país con mas de 6 mil millones de dolares,  haya permitido que quiera recuperar el poder.

24 mayo 2011 0 Comentarios

La Hora de la Verdad

MARIO VARGAS LLOSA 08/05/2011

Aunque no soy creyente, tengo muchos amigos católicos, sacerdotes y laicos, y un gran respeto por quienes tratan de vivir de acuerdo con sus convicciones religiosas. El cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, en cambio, me parece representar la peor tradición de la Iglesia, la autoritaria y oscurantista, la del Index, Torquemada, la Inquisición y las parrillas para el hereje y el apóstata, y su reciente autodefensa, Los irrenunciables derechos humanos, publicada el 1 de mayo en Lima, justifica todas las críticas que en nombre de la democracia y los derechos humanos recibe con frecuencia y, principalmente, de los sectores católicos más liberales.

En su texto, desmiente que dijera jamás que “los derechos humanos son una cojudez” (palabrota peruana equivalente a la española gilipollez) y afirma que, en realidad, a quien aplicó tal grosería fue sólo a la Coordinadora de Derechos Humanos, una institución dirigida por una ex religiosa española, Pilar Coll, que durante los años de las grandes matanzas perpetradas por la dictadura fujimorista llevó a cabo una admirable campaña de denuncia de los crímenes, torturas y desapariciones que se cometían con el pretexto de la lucha contra Sendero Luminoso. (La Comisión de la Verdad, que presidió el ex rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Salomón Lerner, ha documentado estas atrocidades).

El cardenal Cipriani desmiente, además, que durante la dictadura hubiera guardado silencio frente a uno de los crímenes colectivos más abyectos cometidos por Fujimori y sus cómplices: la esterilización, mediante engaños, de unas 300.000 campesinas a las que, por orden del dictador, los equipos del Ministerio de Salud ligaron las trompas o castraron, asegurándoles que se trataba de simples vacunas o de una medida que sólo temporalmente les impediría concebir. ¿Cómo es que nadie se enteró en el Perú de que el arzobispo había encontrado reprobables estos atropellos? Porque en vez de protestar públicamente ¡se limitó a hacerlo en privado, es decir, susurrando con discreción su protesta en el pabellón de la oreja del dictador!

El cardenal no suele ser tan discreto cuando se trata de protestar contra los preservativos y no se diga el aborto, o, para el caso, contra quienes en esta segunda vuelta de las elecciones peruanas apoyamos a Ollanta Humala. Por ejemplo, por haberlo hecho yo, me ha amonestado de manera estentórea y nada menos que desde el púlpito de la catedral de Lima, durante un oficio. Me ha pedido “más seriedad” y ha clamado que cómo me atrevo a dar consejos por quién votar a los peruanos. El cardenal está nervioso y olvida que todavía hay libertad en el Perú y que cualquier ciudadano puede opinar sobre política sin pedirle permiso a él ni a nadie. (Claro que las cosas cambiarán si sale elegida la señora Fujimori, la candidata a la que él bendecía en aquel mismo oficio en el que me prohibía opinar).

No sólo el arzobispo de Lima se excede en estos días de campaña y guerra sucia en el Perú. Una connotada fujimorista, también del Opus Dei, como monseñor Cipriani, Martha Chávez, ha amenazado públicamente al presidente del Poder Judicial, el doctor César San Martín, eminente jurista que presidió el Tribunal que condenó a 25 años de cárcel a Fujimori por crímenes contra los derechos humanos, con esta frase profética: “Tendrá que responder en su momento”.

Pero acaso lo más inquietante sean los intentos de purgar a los medios de comunicación, principalmente los canales de televisión, de periodistas independientes y probos, que se resisten a convertirse en propagandistas de la candidatura de la hija del ex dictador. El caso más sonado ha sido el de Patricia Montero, productora general, y José Jara, productor de un noticiero, ambos del Canal N, despedidos, según ha denunciado la primera de ellos, porque los directivos estimaron que habían “humanizado” al candidato Humala en los boletines (¿pretendían que lo animalizaran, más bien?). Estos despidos han provocado una verdadera tempestad de críticas, entre ellas de los más prestigiosos periodistas del propio Canal N, en defensa de sus colegas, y amenazas de renuncias masivas en caso de que continúe la caza de brujas. Lo cual parece haber paralizado por el momento el despido de la prestigiosa y experimentada periodista del Canal 4, Laura Puertas, a quien se reprocha también, por lo visto, padecer de total ineptitud para el servilismo.

Finalmente, una denuncia publicada el miércoles 4 de mayo en el diario La Primera, que dirige César Lévano, precisa que el gobierno, apoyado por empresarios mineros, habría encargado a los servicios de inteligencia del Estado un Plan Sábana, destinado a destruir la campaña de Ollanta Humala con los métodos delictuosos -espionaje telefónico, operaciones calumniosas y escandalosas filtradas a la prensa para minar su prestigio y el de su entorno familiar utilizando mercenarios y provocadores- con que, en 1990, el gobierno conspiró contra mí cuando yo fui candidato a la Presidencia. La denuncia proviene, al parecer, de militares y civiles del servicio de inteligencia indignados de que se los utilice para fines políticos ajenos a su misión específica.

Todo esto merece una reflexión. Si estas cosas comienzan a ocurrir ahora, en plena campaña electoral, ¿no es fácil imaginar lo que sucedería en el caso de que la señora Fujimori ganara las elecciones y la dictadura fuji-montesinista recuperara el poder oleada y sacramentada por los votos de los peruanos? Los periodistas decentes y responsables expulsados de sus puestos no serían cinco (también han sido despedidos tres de Radio Líder, Arequipa) sino decenas, y las radios, los canales y los periódicos convertidos, como lo estuvieron durante los ocho años de oprobio que vivió el Perú, en órganos de propaganda encargados de justificar todas las tropelías y tráficos del poder y de cubrir de injurias y calumnias a sus críticos. No sólo el doctor César San Martín sería víctima de su probidad y entereza magisterial. Todo el Poder Judicial se vería una vez más sometido a una criba implacable para apartar de sus cargos, o reducirlos a la total inoperancia, a los jueces que se resistieran a ser meros instrumentos dóciles del gobierno. Reparticiones públicas, Fuerzas Armadas, empresas privadas, serían, otra vez, incorporadas al sistema autoritario para que, de nuevo, el país entero quedara a merced del puñadito de forajidos que, entre los años 1990 y 2000, perpetró el más espectacular saqueo de las arcas públicas y los más horrendos crímenes contra los derechos humanos de nuestra historia.

Quienes quieren semejante futuro para el Perú no son muchos, pero sí son poderosos y, como están asustados con la perspectiva de que Humala gane las elecciones y cometa los desafueros y horrores de Hugo Chávez en Venezuela, están dispuestos a cualquier cosa con tal de asegurar el triunfo de Keiko Fujimori. Extraordinaria paradoja: con tal de evitar el socialismo, que venga el fascismo. ¡Y todo eso, en nombre de la libertad, de la democracia y del mercado libre!

En verdad, la disyuntiva que tiene por delante el Perú en las elecciones del 5 de junio próximo, es la de salvaguardar la imperfecta democracia política que tenemos desde hace 10 años y una política de mercado y de apertura al mundo que ha hecho crecer nuestra economía de manera notable, o volver a un régimen dictatorial que, guardando ciertas formas institucionales, restablecería en el gobierno a quienes, en complicidad con Fujimori y Montesinos, destruyeron el Estado de derecho, se enriquecieron cometiendo las más descaradas pillerías y durante ocho años perpetraron horrendos crímenes con el pretexto de combatir la subversión. A mi juicio en semejante disyuntiva la peor opción es Keiko Fujimori.

Ollanta Humala ha hecho un “Compromiso con el Pueblo Peruano” que conviene tener muy presente, no sólo a la hora de votar por él, sino sobre todo una vez que acceda al gobierno, para recordárselo cada vez que parezca apartarse de alguna de sus promesas. No habrá reelección. Se cumplirá con los tratados firmados, no habrá estatizaciones, se respetará el derecho de propiedad y las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFPs), la lucha contra la corrupción será implacable, habrá una política de apoyo social sostenida, sobre todo en los campos de la educación y la salud pública, para los sectores más desfavorecidos, así como estímulos y facilidades para la formalización de las empresas. El respeto al pluralismo informativo, a la independencia de la prensa y al derecho de crítica será total. Estos puntos han sido expresados, además, de viva voz, en las reuniones que ha celebrado el candidato con la confederación de empresarios y las asociaciones de prensa. Todo esto es perfectamente compatible con la democracia y con las políticas de mercado vigentes y tiende a perfeccionarlas, no a recortarlas ni menos suprimirlas. No sólo depende de la voluntad de Ollanta Humala que este compromiso se cumpla. Depende, sobre todo, de que quienes lo apoyemos en la elección del 5 de junio dejemos claro que es a estas políticas a las que damos nuestro apoyo y que nos mantendremos firmes exigiendo su cumplimento.

© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011.

24 mayo 2011 0 Comentarios

LA VIEJA INDECENCIA de César Hildebrandt

El único mérito que puedo concederme en esta vida moteada de algunos éxitos y muchos fracasos, en esta carrera ingrata que me eligió, en este oficio artesanal de tratar de encontrar la verdad que a pocos importa y las mentiras que ya no escandalizan, el único mérito que me concedo, digo, es no haber cedido a la tentación del medio: resígnate, así es el Perú, tolera lo que todos, créele a los idiotas de la derecha, a los que hacen negocios turbios y a la vez editorializan en relación con “los valores de la democracia” (cuando la verdad es que se zurran en ella y en lo que significa).

Naces en este país hermoso y complicado y la primera sugerencia que te asalta es la del estoicismo: quédate quieto, tranquilo hermano, así es esta vaina, esto no lo arregla ni el sillau.

Y se te puede pasar la vida haciéndote el de la vista gorda, haciéndote el loco y asistiendo con cara de palo a las grandes mecidas.

- Nada puedes hacer, esas son las reglas –susurra el aire tóxico de Lima-.

- Esto no lo ha cambiado nadie –remacha una sombra, la sombra de lo que pudiste ser-.

Me van a perdonar pero yo jamás creí en eso. Jamás hice el muertito en el mar de los sargazos de las voluntades, quebradas o roídas. ¿Por qué? Porque siempre creí que en el país de las cabezas gachas había que mirar lo más lejos que se pudiera. Porque viendo a las hormigas a uno le dan ganas de volar. Porque hay belleza en la rebeldía y una flácida fealdad en el conformismo. Porque, en fin, siendo un viejo creyente del agnosticismo siempre he pensado que Jesucristo fue un hombre revoltoso asesinado por el orden imperante. Y que sin la rebeldía de Cáceres habríamos detenido nuestra historia en el mísero Iglesias. Y que sin la rebeldía de De Gaulle los franceses habrían tenido que arrastrarse junto a Petain, ese gran derechista pro nazi.

Mi generación ha fracasado. Pudimos tener a un refundador del país y construimos a García. Pudimos tener a un inconforme consagrado por las multitudes, a alguien que estuviese más impulsado por el amor que por el odio, pero nos detuvimos en Robespierre y en sus encarnaciones criollas.

Pudimos tener un país y lo que permitimos fue un mall. Ahora la pelota está en el tejado de los jóvenes. De ellos dependerá que este país cambie de verdad.

Hace como mil años que vivimos hablando en voz baja, consintiendo.

Hablamos bajito cuando los incas podían desollarte. Y más bajito cuando los españoles te podían trocear. Y todavía con murmullos cuando fuimos libres de boca para afuera pero súbditos de los sucesivos caudillos que creían que el Estado era un bien raíz y una chacra para los amigotes.

Así fuimos haciendo esta gran Aracataca. Macondio hicimos.

Pensar era –y es- una anomalía. Disentir, una provocación. Rebelarse, una extensión de la locura. En un país dominado por la injusticia hablar de la injusticia te podía costar El Frontón. Y luchar contra ella la vida.

Frente a un Túpac Amaru hubo cien Piérolas creando sus propios califatos. Porque el miedo a la libertad no es sólo el título de un libro de Fromm. Es la consigna que la derecha le ha impuesto al Perú. Está en su escudo desarmado y en sus genes vendedores mayoristas de su propio país.

- Todos roban –te dicen-. Y eso es casi una invitación a robar. Porque si todos roban, ya nadie roba.

- Aquí no hay castigos ni recompensas, todo se olvida –te muelen repitiéndolo-. Y eso es otra incitación a la impunidad.

Lo criollo es también esta salsa espesa de quietud egoísta. Las verdaderas tradiciones peruanas no son las de Ricardo Palma: son decir sí y estar en la foto.

¿Exigir cambios? Eso es –dicen los que cortan el jamón y los idiotas de sus services- de chavistas, rojos, perfeccionistas, amargados y renegones. En el Perú la ira de los pobres se combate con misas o balazos y hay un estoico agazapado en cada futuro, detrás de la maleza de los días. Y cuando estemos lo suficientemente ablandados, vendrá el tiro de gracia. Y cuando venga el tiro de gracia, cuando ya no pienses sino en ti mismo y bailes solo en la loseta ínfima que te asignaron, ese será el día final de tu hechura: serás uno de ellos. Hablarás como ellos, maldecirás como ellos, venderás como ellos. Y, sobre todo, harás lo que ellos: negar al otro y sólo reconocerte entre los tuyos.

Que los jóvenes aprendan la lección. Nada cambiará si no matamos la resignación.

Porque la democracia no consiste en votar de vez en cuando. Consiste en ejercer la libertad a cada rato.

Los esclavos no aman la libertad –esa es una mentira altruista-. Sólo los libres pueden amar la libertad y defenderla.

La mansedumbre no es madurez sino derrota. El aguante es la amnistía crónica. La docilidad es lo que se le exigía a los negros carabalíes embarcados a la fuerza en el puerto de Macao.

La libertad no mata. La paciencia es una mentira teologal que contradice a Cristo y que Cipriani aplica en cada hostia. Cristo fue impaciente. La vida es una ráfaga impaciente.

Los peruanos no nacimos un día en el que Dios estuvo enfermo, como decía Vallejo de sí mismo. Naceremos el día en que sepamos apreciar el vértigo creador de la palabra desacato. El desacato no es el caos. Caos es lo que vendrá cuando las presiones sociales, contenidas por el plomo y la mentira, revienten otra vez.

Y ahora sería un magnífico desacato, un descomunal acto de rebelión democrática o dejarse engatusar por quienes quieren, en el colmo de la indignidad, que premiemos a la hija de un ladrón y asesino –ladrona ella misma al gozar del dinero robado- con la presidencia de la República.

Y todo por cerrarle el camino a un señor que quiere cambiar algunas cosas. Sólo algunas cosas. Un señor al que la experiencia ha moderado y que se ha comprometido a no hacer experimentos anacrónicos. Pero que sí quiere que las mineras paguen lo que deben, que los impuestos sean más directos, que los viejos estén menos desamparados, que haya menos hambre y que la pobreza rural se atenúe todo lo que se pueda sin desbaratar la economía. Y que quiere también que el gas peruano abastezca primero a los peruanos y que los grandes proyectos de exploración y explotación de la minería y del petróleo se concilien con los intereses nativos y las normas ambientales que no se están cumpliendo.

La derecha quiere volver a demostrarnos que siempre gana. Presentó cuatro candidatos –cuatro variaciones de la misma melodía: Castañeda, Toledo, PPK y K. Fujimori- y los cuatro perdieron. Ganó un hombre gris que propuso algunos cambios. Y lo peor: sale la primera encuesta pos primera vuelta y el hombre sin demasiados atributos ¡sigue ganando! Y sigue ganando porque Lima, este espanto, no es el Perú. Porque el gobierno de Las Casuarinas está en crisis. Porque el modelo García, una combinación de Caco con Friedman, drena sanguaza.

Entonces, la derecha propone liquidar, de una vez y para siempre, esta pesadilla que aturde al dólar, baja las acciones, hace chorrear el rímel. Para eso están su tele, su radio, sus periódicos. Y se deciden por lo previsible: la campaña del terror.

Sólo el terror podrá salvarlos. Porque saben que su prontuariada candidata es impresentable aun para 75 por ciento de peruanos. Lo único que cabe, entonces, es bombardear al incómodo reformista con todos los B-52 de la calumnia, el rumor, la mugre, la idiotez que los cándidos pueden propagar. El propósito es el homicidio político del hombre que propone algunos cambios. Y los muertos no pueden ganar elecciones.

Hablan de intromisión extranjera los que quisieran anexarse a los Estados Unidos o al Chile potente que sus tatarabuelos dejaron entrar con su cobardía y su desunión. Denuncian que la libertad de prensa peligra quienes despiden a periodistas que se niegan a sumarse al lodo de la campaña contra Humala. Y advierten que el empleo está amenazado quienes han creado la mayor cantidad imaginable de empleos-basura y services explotadoras.

Y a todo esto le llaman “elecciones democráticas”. A ensuciar la inmundicia le llaman “debate”. Y no tienen problema alguno bancado a una candidata indecente. Ellos representan la vieja indecencia de las encomiendas, las ladronas leyes de consolidación, el festín del guano. La señora K. Fujimori les cae como anillo al dedo.

César Hildebrandt, columna publicado en Hildebrandt en sus trece el viernes 29 de abril de 2011. Año 2. N°53

24 mayo 2011 0 Comentarios

LUGAR DE LA MEMORIA: Para recordar lo que no debio pasar

LUGAR DE LA MEMORIA: Para recordar lo que no debio pasar. Testimonio que debe estar presente al momento de votar. http://bit.ly/gzHhDp

24 mayo 2011 0 Comentarios

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